Soñando con el pasado…

Hola todos…

Telefono con manigueta

Como podrán imaginar, aquí sentado sin poder hacer mucho ya que no temenos energía eléctrica después de la terrible visita de María.

Gracias a mi “lap-top” paso un rato escribiendo para el próximo lunes de boricua. Por años he tratado de traerles algo nuevo e interesante cada lunes y debido a la falta de energía que a su vez trae consigo la falta de Internet, de televisión, de agua y por cierto del rico aire acondicionado, no se si esta vez pueda tener a tiempo otro lunes de boricua para ustedes.

Pensándolo bien me parece que como decía mi primo, el Senador Ramón Bauzá, KPEBS (SK), “Era mejor cuando era peor”. Di marcha atrás en mi mente y recordé los tiempos aquellos cuando comenzó el uso del teléfono, aquel aparato que instaban los de la telefónica en la pared de la casa y que servía para hablar a la distancia. Aunque nací en San Juan, pase gran parte de mi niñez en Ponce. Allí fui a la escuela, la Hamilton en la Calle Torres, la Degetau en la calle Reina y la Ponce High en la Calle Cristina, donde comencé la escuela superior que terminé en el Colegio Ponceño de Varones. Disfruté de las 3 lindas graduaciones — la de primer grado, la de octavo y la de cuarto año. Así era el protocolo escolar de aquellos tiempos. En aquella época la maestra usaba el filo de una regla para castigarnos y luego al llegar a casa me esperaban varios correazos. Distinto a hoy cuando el maestro reprende al niño, llega la queja y la madre va a la escuela al otro día a quejarse de que “abusaron de mi nene”. Después y ya usando pantalón largo fue al Colegio de Mayagüez que entonces se conocía como el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas. (AMC) para completar mi carrera profesional.

Telefono “moderno”

Bueno, volvamos al teléfono. Era una maravilla para entonces, removieron el teléfono de manigueta y ahora, aunque tienen menos números que teléfonos los expertos resolvieron el problema conectando tres teléfonos en una sola línea. Recuerdo que el de mi casa era el 173-AZUL, los otros eran el 107 Verde y el 107 Negro. Cuando llamaban a un abonado sonaba el teléfono en los tres. La diferencia era que si la llamada era para el Negro sonaba un solo timbre, si para el azul dos y para el Verde tres. Podrán imaginarse unos escuchando las conversaciones del otros. La operadora, recuerdo que todos la conocían y se llamaba Miss Toro, se enteraba de la vida y milagros de todo el mundo. Recuerdo cuando mi mama descolgaba el teléfono y sin necesidad de “darle manigueta”, la conversación era más o menos asi  – hola Miss Toro, consígame a Manolín en la farmacia Ramos. La telefonista sabia de memoria todos los números de Ponce. En un par de segundos estaba hablando con Manolín el dueño de la farmacia Ramos. Hola Manolín parece que me va a coger un fuerte catarro y me siento maluca. Mandame 6 aspirinas, un frasco de alcoholado Barnes, un tarro de antiflogestina. Mejor te envío uno de Mentholatum, contestaba Manolín. El Lcdo. Manolín Ramos, igual que los otros farmacéuticos también recetaban y por cierto también conocía a todo el mundo.

Para entonces no existían las voces electrónicas a las que usted no puede hablarle cuando le dice… “Usted ha marcado un numero que no está en servicio, consulte su guia y trate más tarde”. El deseo de un usuario es de mandar a la telefónica, a la maquinita y a la vocecita para buen sitio. Hay que aguantar y contar hasta 10 ya que no importa lo que uno diga, nadie lo va a escuchar.

Así era todo, pero encontrábamos que el teléfono era indispensable y muy útil. Si sonaba la corneta de los bomberos todo el mundo corría al teléfono. Miss Toro no esperaba que habláramos, ya sabia la razón de la llamada y decía – el fuego es en la calle Atocha esquina Tricoche pero es pequeño, ya lo van a apagar. Al instante salíamos corriendo para ver a los bomberos trabajando. En aquel entonces los bomberos corrían por las calles llevando un artefacto con ruedas enormes donde llevaban las mangueras desde el parque hasta el lugar del incendio.

Había muy pocos radios y no había televisión. El periódico, entonces “El Día” (ahora “El Nuevo Día”) circulaba poco y llegaba tarde. A algunas telefonistas se le quedaba la clavija pegada y sin querer queriendo se enteraban de cuanto chisme circulaba en la ciudad Señorial. Una charla con una de ellas era mejor que escuchar a Rubén Sánchez en WKAQ 580 temprano en la mañana.

Espero que disfruten de hoy lunes de boricua, aunque los saqué del tema de la radioafición, un cambio de ambiente nos viene bien a todos. ¿No les parece? ¡Era Mejor Cuando era Peor!

Hasta el próximo lunes de boricua,

73 de Victor – KP4PQ